Big Data en las ONG: el lado más solidario del dato

¿Se pueden minimizar los daños ocasionados por desastres naturales? ¿Y predecir bombardeos? ¿Tal vez erradicar una enfermedad? ¿O reducir los índices de desnutrición infantil?

Sí, se puede. El Big Data puede.

Hablamos sin cesar de datos, del enorme potencial que podemos obtener de ellos, sirviéndonos de los avances y la innovación tecnológica. Sin embargo, no hemos de olvidar que lo verdaderamente interesante de un dato es la persona que está tras él, lo cual cobra aún más sentido cuando hablamos de Big Data en las ONG.

La tecnología se pone una vez más al servicio de las personas: imágenes por satélite, redes sociales, geolocalización… datos digitales que complementan la recogida tradicional, aportando mayor precisión a menor coste.

Aplicaciones solidarias del Big Data

Un ejemplo de su aplicación lo encontramos en la gestión y distribución del agua en los asentamientos del Líbano. Se instalaron localizadores GPS en los camiones y sensores en los tanques, de modo que siempre se sabe dónde y cuánta agua se está repartiendo. Atrás quedaban métodos ineficaces plagados de errores y abiertos a la corrupción.

El Big Data también facilita tareas de prevención, por ejemplo, de inundaciones. Colocando sensores en los ríos se conoce la evolución de la humedad en cada punto crítico y con una serie de algoritmos se puede predecir la inundación y su envergadura.

De igual forma, en otras zonas instalan sistemas de medición de lluvias, lo que permite adoptar medidas de prevención ante sequías, aludes o desprendimientos.

También se están desarrollando sistemas que permitan diagnosticar la desnutrición de niños y niñas con una aplicación para teléfonos móviles, basándose en estudios antropomorfos. Basta una fotografía de la muñeca del niño para determinar el grado de desnutrición e iniciar tratamiento.

Mediante fotos vía satélite de la zona de Sajel (que se hacen desde el año 95) se estudia la masa vegetal que hay en cada momento y su evolución, permitiendo predecir cómo va a ser el año de cosechas, y en consecuencia, si habrá hambruna.

El dato puede mejorar la atención a las personas que están en zona de catástrofe natural, localizar el foco de un terremoto en tiempo real, rastreando los movimientos con el móvil de la población; o seguir la propagación de la gripe, a través del comportamiento de los usuarios en Twitter o Facebook.

Son muchos los retos que puede afrontar el Big Data en lo que acciones humanitarias se refiere. Posibilidades hay muchas, es el comienzo.

ONG como Acción contra el hambre o Unicef han comenzado a implementar la innovación tecnológica como parte de su estrategia de acción humanitaria. Una innovación que permitirá predecir para prevenir y controlar situaciones delicadas mediante toma de decisiones en tiempo real.

Es el poder del dato y de la tecnología. Tecnología que una vez más, se pone al servicio de las personas.